Quetzalcoátl, “la serpiente emplumada”, es uno de los dioses más antiguos de la mitología mesoamericana. Aparece en el panteón de la cultura Chichimeca y era adorado también por los Toltecas. Entre los Mayas se lo conocía como Kukulcán. Pero fueron los Mexicas o Aztecas quienes lo convirtieron en uno de sus dioses centrales, junto a su gemelo y antagonista Tezcatlipoca. Al día de hoy, no hay acuerdo entre los historiadores acerca de cuál de los 2 tenía más peso en la religión mexica.
Tal vez, porque los Mexicas creían profundamente en la naturaleza dual del Universo, que contenía en su interior a la vez todas las posibilidades de creación y destrucción. Por eso, Quetzalcoátl es fecundidad y creación, “aquel por el cual vivimos”, según los Mexicas. Y Tezcatlipoca, su gemelo, cuyo nombre significa “espejo de humo”. Tezcatlipoca es el reverso exacto de su hermano. Ambos dioses son completamente opuestos, pero según los antiguos códices mexicas, comparten exactamente los mismos atributos y cualidades.
Tezcatlipoca es el señor de las batallas, amo de la vida y la muerte. Pero también es amparo y guía del hombre, y fuente de todo poder y felicidad. Era ante él que los espíritus de los muertos debían presentarse, con un yugo al cuello y envueltos en una piel de ocelote. Tezcatlipoca decidía entonces que pruebas debían enfrentar para demostrar que eran dignos de ingresar a la morada de Mictlan, el reino de los muertos.
Cuenta la leyenda que Quetzalcoátl y Tezcatlipoca crearon el mundo sobre el cuerpo de Cipactli, un monstruo mítico. Y que Tezcatlipoca sacrificó para eso su pie, ofreciéndolo como señuelo para atraer a la bestia. Y así la capturaron, haciéndola salir del vasto océano que era todo lo que había por entonces en el Universo.
Para los Toltecas, fue Quetzalcoátl quien creó el mundo. Y su hermano, descendiendo hacia la tierra por una tela de araña, quien destruyó toda su obra. Su acción, sin embargo, no tuvo efectos devastadores sino de transformación.
Quetzalcoátl era representado a veces como un hombre de larga barba y piel blanquísima. Por eso, los Mexicas creyeron al conquistador Hernán Cortés una encarnación de su dios creador.
Cuando comprendieron su error, ya era tarde.
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domingo, 3 de junio de 2012
sábado, 2 de junio de 2012
los 4 soles
| La cosmología mesoamericana
divide el universo en cinco partes: cuatro puntos cardinales y el centro . Las
cuatro direcciones del mundo correspondían a los cuatro hijos de Ometecuhtli,
cada una de las cuales encierra importantes valores simbólicos. El concepto de dualidad es omnipresente en el pensamiento azteca y se personifica en Ometecuhtli, ser cósmico primordial de carácter dual que mantiene la vida desde su posición en el " ombligo de la tierra ". Posee aspectos masculino y femenino ( Ometeotl y Omecihuatl ), lo que le permite parir a los cuatro Tezcatlipocas como padre y como madre. |
| Así, al principio existía Ometecuhtli, Señor
de la Dualidad autocreado, que también se presentaba en sus aspectos masculino y
femenino como Ometeotl y Omecihuatl. Los hijos de esta pareja cósmica fueron los cuatro Tezcatlipocas. El Tezcatlipoca Rojo, también llamado Xipe Topec ( el dios desollado ), se asociaba con el este; el Azul o Huitzilopochtli con el sur; el Blanco o Quetzalcóatl con el oeste y el Negro, el Señor del Cielo Nocturno, con el norte. A estos cuatro se añadían Tlaloc, dios de la lluvia, y su consorte, la diosa del agua Chalchiuhtlicue. Los enfrentamientos entre estas deidades, enzarzadas en una lucha cósmica por la supremacía, desembocaron en la creación y destrucción de cinco eras o " soles " mundiales sucesivos, cada uno de ellos identificado por la forma concreta de cataclismo que lo sumergía . El primer sol estaba regido por Tezcatlipoca y se conocía como " Cuatro-Jaguar ". Al cabo de 676 años, Quetzalcóatl arrojó al agua a Tezcatlipoca y la tierra fue consumida por los jaguares. Después, Quetzalcóatl presidió el segundo sol, conocido como " Cuatro-Viento ". Esta era acabó cuando Tezcatlipoca se vengó y destronó a Quetzalcóatl, quien fue arrastrado por un gran huracán. El tercer sol, llamado " Cuatro-Lluvia ", estaba dominado por el fuego y regido por el dios de la lluvia, Tlaloc. Acabó cuando el dios Quetzalcóatl envió una gran lluvia que consumió la tierra. A continuación vino el cuarto sol, " Cuatro-Agua ",que se suele identificar con Chalchiuhtlicue, diosa del agua, y tocó a su fin cuando el mundo quedo sumergido por un diluvio y las personas se transformaron en peces. A la zaga de estos mundos imperfectos vino la creación más portentosa, el quinto sol. |
| El quinto sol Los cataclismos que destruyeron los cuatro soles anteriores dejaron un vacío en el orden cósmico. Los dioses ofrecieron a las gentes de Mesoamérica una última y efímera oportunidad de vivir al crear y sustentar el quinto sol, la era actual. El quinto sol fue creado en Teotihuacán cuando el dios Nanahuatzin se arrojó a una hoguera y se transformó místicamente en el sol naciente. Pero al principio estaba inmóvil, y los demás dioses sacrificaron su sangre para proporcionarle energía para el movimiento celeste. Por eso se conoce la quinta era del mundo como " Cuatro-Movimiento ". Su génesis única sentó un precedente mítico para la idea azteca de que la vida del universo sólo puede prolongarse mediante el sacrificio. Sin embargo, se trata de una concesión temporal de los dioses, pues los terremotos también destruirán el quinto sol. El signo " Cuatro-Movimiento" encarnaba el concepto del sacrificio humano que impregnaba la religión azteca, que encontró expresión física en el gran calendario de piedra, disco tallado de este material de unos cuatro metros de ancho con la imagen central del rostro de Tonatiuh, dios del sol, rodeada por el signo " Cuatro-Movimiento ". Hallado en 1790 cerca del Templo Mayor de Ciudad de México , este objeto de complicada factura representa los principales elementos de la quinta creación. Los aztecas concebían a Tonatiuh como manifestación de su deidad guerrera tribal, Huizilopochtli. En el complejo simbolismo se aprecia la manipulación de la mitología para justificar la guerra y el sacrificio y expresar estos aspectos de la vida en términos cosmológicos. La cara de Tonatiuh está flanqueada a ambos lados por dos garras enormes aferradas a su alimento: corazones humanos, tema en el que se profundiza aún más con la lengua, imagen del cuchillo sacrificial de sílex u obsidiana con el que los sacerdotes arrancaban el corazón a sus víctimas. Según las creencias aztecas, la sangre humana contiene una esencia líquida preciosa denominada chalchihuatl, único alimento adecuado para los dioses. En torno a la imagen del dios del sol hay cuatro figuras encerradas que representan los cuatro soles anteriores, los dedicados al jaguar, el viento, el fuego y el agua. Y alrededor de ellos están los glifos ( emblemas ) de los signos de los veinte días del calendario sagrado o tonalpohualli, y representaciones simbólicas de Tezcatlipoca, Quetzalcóatl y Tlaloc. El mito del origen del hombre La leyenda explica que, después de la creación del quinto sol, hubo que volver a crear a la raza humana, que había sido destruida en las confrontaciones anteriores . Así pues, se consultaron los dioses y se dijeron: ¿El cielo ha sido construido, pero quienes, oh dioses, habitarán la tierra?. Dicho esto, Quetzacóatl bajo al inframundo, llamado Mictlan; llegó al señor y a la señora del reino de los muertos y dijo: " He venido por los huesos preciosos que tú guardas". Aquel contestó: "¿Qué harás tú con ellos, Quetzalcóatl?" Otra vez dijo este: " Los dioses tratan de hacer con ellos quien habite sobre la tierra". De nuevo dijo el dios de los muertos: " Sea en buena hora. Toca mi caracol y llévalo cuatro veces alrededor de mi asiento de piedras preciosas". Pero él no usó el caracol del dios de la muerte: Quetzalcóatl llamó a los gusanos, que le hicieron agujeros, e inmediatamente entraron allí las abejas grandes y las montesas, que lo tocaron, y lo oyó el dios de los muertos. Otra vez dijo este: " Está bien, tómalos ". Después el dios de los muertos se arrepintió y dijo a sus mensajeros, los moradores del inframundo: " Id a decirle, dioses, que ha de venir a dejarlos ". Pero Quetzalcóatl respondió: " No, me los llevo para siempre ". Pronto subió Quetzalcóatl a la tierra. Luego que cogió los huesos preciosos, estaban juntos en un lado los huesos de varón, y también juntos, de otro lado, los huesos de mujer. Tan pronto como los tomó, Quetzalcóatl hizo de ellos un lío, que se trajo. Otra vez les dijo el dios de los muertos a sus mensajeros: "¡Dioses! De veras se llevó Quetzalcóatl los huesos preciosos. ¡Dioses! Id a hacer un hoyo en su camino". Ellos fueron a hacerlo, y por caerse en el hoyo, se golpeó y le espantaron las codornices; cayó desmayado y esparció por el suelo los huesos preciosos, que luego mordieron y royeron las codornices. A poco volvió en sí Quetzalcóatl, y lloró y dijo a su nagual: "¿Cómo será esto, nagual mío?" El cual dijo: "¡Cómo ha de ser! Que se echó a perder la empresa". Luego los recogió, los juntó e hizo un lío, que inmediatamente llevó a Tamoanchan. Después que los hizo llegar, los molió la diosa Cihuacóatl - Quilaztli, que a continuación los echó a una vasija preciosa. Sobre él se sangró Quetzalcóatl su miembro; y en seguida hicieron penitencia todos los dioses. Se dice, que después nacieron los hombres, puesto que los dioses habían hecho el sacrificio de su sangre sobre ellos. |
viernes, 1 de junio de 2012
Quetzalcoatl
La aparición en Mesoamérica y específicamente en el Anáhuac, de
este personaje alto, rubio, blanco, barbado y de profunda cultura ha dado margen
a la creación de varios mitos y leyendas que los antropólogos, científicos y
exploradores extranjeros han entretejido de una maraña cada vez más difícil de
desenredar. En la mitología Tlahuica, tan confusa como la Griega, se borda una
historia con respecto a Quetzalcóatl, semejante a la del nacimiento del Rey
Salomón, pues se dice en los antiguos códices que Quetzalcóatl fue hijo de una
mujer virgen llamada Chimalma y del Rey-Dios Mixtocóatl, monarca de Tollán. Que
avergonzada por haber dado a luz sin matrimonio, Chimalma puso en una cesta al
niño y lo arrojó al río. (no se sabe a cual) y que unos ancianos lo criaron y
educaron, habiendo llegado a ser un hombre sabio y culto que al regresar a
Tollán, se hizo cargo del gobierno.
Por otra parte se dice que Quetzalcóatl fue un hombre rubio,
blanco, alto, barbado y de grandes conocimientos científicos, que enseñó a los
pobladores de lo que hoy es México, a labrar los metales, orfebrería, lapidaria,
astrología etc. aunque jamás se llegó a saber su nacionalidad y su procedencia.
Cuéntase que habiendo bebido el suave neutle (pulque) se emborrachó y cometió
actos bochornosos después de lo cual decidió marcharse para siempre tomando el
rumbo del Golfo de México o Mar de las Turquesas.
En un suicidio ceremonial al cual le acompañaban cuatro
mancebos sus discípulos, se hundio para siempre, renacienco como la estrella de
la Mañana y posteriormente adoptando el nombre de Quetzalcóatl, que quiere decir
serpiente emplumada o serpiente de plumaje hermoso.
Los Mayas adoptaron a Quetzalcóatl como deidad pues hasta allá
llevó sus conocimentos y su cultura pasmosa, colocándole el nombre de Kukulcan,
que quiere decir lo mismo, serpiente emplumada o Votán ( que debe haber sido su
nombre real) y recibieron de él las más sabias enseñanzas tanto religiosas como
políticas y artísticas.
Se dice que los Toltecas, Nahoas y Mayas lo deificaron y
colocaron su símbolo en todos los palacios, monumentos y templos de la zona Maya
y Mesoamérica en donde aún puede verse, en recuerdo y veneración de este sabio,
que según la tradición mayense, subió al panteón y se convirtió en la estrella
Venus, que también es así identificado por los fantasiosos arqueólogos.
Ahora bien, cuando las huestes hispanas llegaron a las tierras
veracruzanas al mando del capitán extremeño Hernán Cortés, y según nos cuentan
en sus muy sabrosas crónicas Bernal Díaz del Castillo, se encontraron con una
gran sorpresa que en esos días de codicias y rapiña desmedidas no le dieron la
importancia que tenía y hoy aún, debe tener. Relata el soldado cronista que
llegados a las costas de lo que sería La Nueva España, el Emperador Moctezuma
envió unos tendiles llevando regalos, oro y joyas y muchos ricos presentes que
lejos de hacer que Cortés volviera proa a la mar, lo tentó en ambiciones. Uno de
estos tendiles al ver que uno de los soldados de Cortés tenía un casco de latón
que brillaba al sol, pidió verlo, diciendo que hacía muchos, muchos años, habia
llegado a la Gran Tenochitlán un hombre rubio, barbado y blanco, portando un
casco semejante; que al marcharse se los había regalado y los sacerdotes lo
colocaron en la cabeza del ídolo representativo del Dios Huitzilopochtli. Pidió
que se le prestara el casco para cotejarlo con el que tenía puesto su Dios.
Y resultó que el casco dorado que tenía el Dios, era igual al
del soldado hispano, sólo que tenia en ambos lados unos cornezuelos al estilo de
los cascos vikingos.
Aquél tendil no solamente llevó ante Hernán Cortés el dicho
casco dorado, sino también a un hombre blanco, alto, barbado, rubio que se
parecía mucho al conquistador, diciendo que su nombre era Quintalbor, que de
ninguna manera es nombre mexicano, maya o correspondiente a ninguno de los
idiomas, que se hablaban en el Nuevo Mundo. Pero en lugar de examinar
detenidamente el casco y si lo hicieron no fue consignada en ninguna de las
cartas de relación, tomaron a chunga y relajo la presencia de aquel hombre
barbado, rubio y blanco idéntico a don Hernán Cortés, al grado de parecer su
hijo o su gemelo y desde ese momento lo llamaron Don Cortés.
Al llegar los conquistadores a la fabulosa Ciudad de
Tenochtitlán, sacerdotes y principales hablaban de un hombre rubio y barbado
semejante a ellos, que hacía muchos años había estado entre ellos y les había
predicho que un día llegarían al país hombres barbados y con armas poderosas
para esclavizar al señorío.
Moctezuma, que según nos cuenta la historia era un monarca
medroso, pusilánime, creyó que con la llegada de Hernán Cortés y su puñado de
rapaces se cumplía la profecía y casi dejó en manos del puñado de horca hispano,
el destino de sus reino, de su imperio.
Ahora bien, es de suponerse que Quetzalcoatl no fue aquel
misterioso hombre barbado, posiblemente nórdico, que dejó como recuerdo su casco
de vikingo, ya que en ese entonces la Europa no poseía la cultura y los
conocimientos numéricos y calendáricos que poseían los mayas y el mito y la
leyenda se entretejen en una urdimbre impenetrable, se confunden debido a los
estudios antropológicos y arqueológicos hechos en una mayoría por extranjeros.
Tal vez Tollán si tuvo un gobernante sabio y bueno al que
llamaron Quetzalcoatl, hijo de Chimalma y el Rey-Dios Mixcoatl, pero también es
muy posible que los sacerdotes y astrónomos de entonces, al observar los cielos
en la forma en que lo hacían, hayan descubierto que el mundo, su mundo, formaba
parte de la Vía Láctea, de esta enorme galaxia que hoy conocemos y de la cual
formamos parte y a la cual daban por nombre Ixtacmixcoatl que quiere decir
"Serpiente salpicada de piedras preciosas o luceros", serpiente incrustada de
diamantes. Y después de sus observaciones le hayan puesto Quetzalcoatl,
serpiente de plumas hermosas y extendido su culto a los habitantes de
Mesoamérica. De allí que en los portentosos edificios de esa antigüedad se hayan
esculpido esos símbolos y reverenciado como deidad, pues a ningún hombre por
sabio que haya sido, se le dio jamás el rango de Dios.
Por último y finalizando así la leyenda y el mito, al relato, y
a las elucubraciones, es preciso asentar que según algunos arqueólogos, jamás
existió la serpiente emplumada, que sería absurdo una mezcla o yuxtaposición con
fines religiosos, de una ave preciosa y un reptil.
Lo que ocurrió y a esto puede y debe darse el mayor crédito, es
que los hombres de aquella civilización tan avanzada, en su sublimación
artística, esculpieron una serpiente con penacho, con garras de jaguar y crearon
una figura monstruosa y bella a la vez, como el mítico dragón de los chinos en
el cual quieren enredar al misterioso y barbaro rubio peregrino, que por lo
menos, ya que su cultura debió haber sido casi completa, pudo haber dejado
escrito su nombre y el de su país en alguno de los muros, frescos o
bajorrelieves de templos y palacios.
Así volvemos a lo mismo. Quetzalcoatl hombre, Quetzaltcoalt
Dios, amalgama absurda de las generaciones actuales. Incomprensión de lo
misterioso de aquellos pueblos que han dado margen a una de las leyendas más
difundidas en América y en el mundo.
jueves, 31 de mayo de 2012
El Cinturón de Orión o Las Tres Marías
Publicado el 9 febrero, 2011 por bitacoradegalileo

Soy un ferviente admirador de la cultura popular, el saber secular que la tradición se encargó de transmitir de forma oral a través de las generaciones. Nuestros mayores, hace sólo unas décadas, fueron
herederos de enormes caudales del conocimiento humanístico que, en todos los órdenes del saber, fueron enriquecidos paulatinamente por la propia experiencia del vivir cotidiano de las gentes del pueblo. Ellos, los abuelos, llegaron a conocer por vía de la tradición oral diversas realidades que la ciencia trataba de descubrir, con evidente desventaja.Así, todo el mundo había oído hablar (en el Hemisferio Norte) del Carro, aunque muy pocos supieran que su nombre oficial era la Osa Mayor, y en todos los lugares las personas podían localizar sin
dificultad a Las Siete Hermanas, o Las Siete Cabritillas, que eran los nombres que les daban a Las Pléyades. Otro asterismo era identificado por la inmensa mayoría de la población: Las Tres Marías. Llamadas en otros lugares Los Tres Reyes Magos, aún hoy podemos preguntar a los más ancianos del lugar (y en muchos sitios a personas de menos edad), y de inmediato nos señalarán hacia las tres estrellas del… ¡Cinturón de Orión!.
Muchas de estas personas no sabían leer ni escribir, ya que ni siquiera habían pisado la escuela en toda su existencia, pero conocían y sabían localizar en los cielos a todos estos astros y otros, de toda condición y naturaleza (piénsese en las Lágrimas de San Lorenzo para designar a las Perseidas o en el Lucero del Alba para Venus), aunque les dieran otros nombres. Pero esta cuestión era lo de menos.
El Cinturón de Orión (o Las Tres Marías, o Los Tres Reyes Magos) es un destacado asterismo formado por tres estrellas de primera y segunda
magnitud, perfectamente visibles desde cualquier lugar del planeta. Es parte de la Constelación de Orión, que también constituye una de las más conocidas, junto con la Osa Mayor en el Hemisferio Norte y la Cruz del Sur en latitudes australes. Situada sobre el ecuador celeste, el brillo de sus estrellas más destacadas la hace fácilmente localizable en los meses del invierno boreal, el verano austral.
Rígel y Betelgeuse son estrellas situadas entre las diez más brillantes del cielo nocturno; Bellatrix y Saiph completan con las dos anteriores un “cuadrilátero mágico” representando las cuatro extremidades del gigante cazador. Hatysa (Iota Orionis, ι Ori)) en la Espada, Tabit (Pi3 Orionis, π 3 Ori) en el escudo y Meissa (Lambda Orionis, λ Ori) en la cabeza son las otras luminarias con nombre propio en Orión, junto a las tres del Cinturón, aunque hay que destacar a otras estrellas con denominación de Bayer, como Sigma (σ Ori), Eta (η Ori) y Tau Orionis (τ Ori).

La bitácora de Galileo se ha ocupado en diversas ocasiones de esta constelación, tanto en su totalidad, como en artículos relacionados con alguno de sus componentes más destacados. Éstos son los enlaces a tales informes:
También, la Constelación de Orión fue destacada protagonista en el trabajo que presenté sobre El Cielo del Invierno.

Pero aún no había dedicado ningún monográfico al asterismo que es, quizás, el rey en la Astronomía tradicional en el acervo cultural de las gentes sencillas del norte y del sur: Las Tres Marías, o sea, El Cinturón de Orión, pues el popular Carro no se ve desde todo el planeta, y lo mismo ocurre con la Cruz del Sur.

En la siguiente imagen nos haremos una idea del tipo de astros que visitaremos. Se trata de estrellas enormes, en comparación con nuestro Sol, y muy calientes, también con relación a nuestra estrella.

Alnitak, Alnilam y Mintaka, pues así se llaman las tres estrellas que forman el Cinturón, son tres gigantes azules con un brillo tan intenso que son fácilmente visibles incluso desde los cielos razonablemente
contaminados del extrarradio de la ciudad. De primera y segunda magnitud, se sitúan en el ecuador celeste, siendo Mintaka la más próxima a esta imaginaria línea divisoria entre ambos hemisferios; se alinean en dirección sureste, apuntando directamente a Sirio (α CMa) en ese sentido, y a Aldebarán (α Tau) en dirección contraria, hacia el noroeste, así es que constituye la mejor referencia para la orientación en el cielo nocturno en las frías noches del invierno boreal, o en las veladas calurosas australes cuando enero (y febrero) funde su calor sobre el Paraná.
Además de las tres estrellas, formadas a partir del material de la nube interestelar que las rodea, y que seguidamente estudiaremos, encontramos en la región al cúmulo Collinder 70, o Cr 70, un rico campo estrellado alrededor de la zona central del Cinturón, en torno a
Alnilam, y a las interesantísimas nebulosas de la Cabeza de Caballo y de la Flama, en las proximidades de Alnitak y de Sigma Orionis. Rendiremos visita a estos objetos. Situadas un poco más al sur, la Gran Nebulosa de Orión (M42), también originada a partir de la misma nube molecular, y la brillante Hatysa, en la Espada, completarán un vecindario verdaderamente exclusivo.Aunque la mayoría de los estudios sobre el Cinturón de Orión se desarrollan a partir de Alnitak, de izquierda a derecha según el punto de vista boreal, hoy yo preferiré hacerlo justamente al contrario, pues es esa estrella, Alnitak, la que aglutina a su alrededor las dos nebulosas que veremos, de manera que tratarla en último lugar servirá de nexo de unión entre estrellas y cielo profundo en nuestro artículo. Éste es el punto de vista austral, con Mintaka, que trataremos en primer lugar, a la izquierda…

…y ésta la carta celeste, también como la fotografía anterior de Sur Astronómico, de la misma región del cielo, según la ven los observadores situados al sur del ecuador:

Mintaka (Delta Orionis o δ Ori), del árabe منطقة manţaqah, el Cinturón, es la más occidental y también la más tenue de las tres estrellas. Es sin embargo perfectamente visible, a sólo 0.3 grados (18 minutos) al sur del ecuador celeste pues presenta una magnitud visual de +2.21, aunque hay que anotar que se trata de un sistema estelar múltiple,
bastante complejo. La componente principal es una gigante azul de tipo espectral O9.5II, y 30.000 ºK de temperatura superficial. Tiene una compañera de séptima magnitud, a casi un minuto de arco de distancia, lo que se traduce en una separación real aproximada de un cuarto de año-luz. Todavía, Mintaka A posee una acompañante de 14ª magnitud, y cada una de estas dos es 90.000 veces más luminosa que el Sol, y 20 veces más masiva. El sistema parece situarse a unos 915 años-luz del Sistema Solar, casi la misma distancia que Alnitak, en el otro extremo del Cinturón, y bastante más cercana que Alnilam, la estrella que ocupa el centro.
Alnilam (Epsilon Orionis o ε Ori), de النظام, an-Niżām, también árabe, el Hilo de Perlas, a pesar de ser la más distante, es la más brillante de las tres. Se sitúa en el centro del Cinturón, a una distancia de 2 grados escasos entre las otras dos, Mintaka al noroeste y Alnitak al sudeste,
y sólo un grado por debajo del ecuador celeste. Veremos que para los guaraníes era la madre de las dos. Se trata de una supergigante azul, de tipo espectral B0I y magnitud visual +1.70 que dista de la Tierra 1.359 años-luz. Es un astro magnífico, 26 veces más grande que el Sol y mucho más caliente, pues posee una temperatura superficial de 25.000 ºK. La enorme cantidad de energía que irradia le confiere una luminosidad 375.000 veces más intensa que la de nuestra estrella. Es extraordinariamente masiva, unas 20 veces la masa del
Sol, lo que le abocará indefectiblemente a convertirse en una supergigante roja y luego explotar en supernova, como todas las estrellas que superan en más de 10 veces la masa de nuestro Sol. Esto le hace expulsar una gran cantidad de materia, con vientos estelares que superan los 2.000 kilómetros por segundo. No, 2.000 kilómetros por hora no, por segundo. Es muy joven, pues se calcula que se formó hace sólo 4 millones de años, pero no vivirá mucho más, otro millón de años, o quizás menos, aunque tras explotar en supernova, el material que resulte podrá ser el origen de nuevos sistemas planetarios que se formen mucho después.
Alrededor de Alnilam, y extendiéndose por todo el Cinturón, se sitúa el cúmulo estelar Collinder 70, o Cr 70, compuesto por unas 125 estrellas. Dada su extensión, la mejor forma de observarlo es con binoculares a 7 aumentos, a 10 como máximo, que es cuando obtendremos un campo visual más amplio.

Alnitak (Zeta Orionis o ζ Ori), asimismo procedente del árabe النطاق an-niṭāq, y que también significa El Cinturón, es por fin la más oriental de las tres estrellas que componen este asterismo, y también la más meridional, aunque sólo se sitúa unos 2 grados al sur del ecuador
celeste. Es un sistema triple cuya componente principal es una supergigante de color azul y tipo espectral O9.7I que presenta magnitud visual conjunta de +1.89, muy caliente, pues su temperatura superficial es de unos 31.000 ºK. Situada a 826 años-luz de nosotros, su luminosidad equivale a 100.000 veces la del Sol, si se incluye la radiación ultravioleta, y es 20 veces más masiva. El calor que irradia es tal que, situada en el lugar de nuestra estrella, derritiría a todos los planetas. Un astro como la Tierra tendría que
situarse 300 veces más lejos de lo que está, para tener condiciones de habitabilidad. Los vientos estelares, consecuencia de la intensa emisión de rayos X, alcanzan velocidades similares a las de Alnilam, unos 2.000 kilómetros por segundo, excitando la nube de gas y polvo que la circunda, y donde se encuentran las nebulosas de la Flama y de la Cabeza de Caballo. Es también una joven estrella, pues hace sólo 6 millones de años que se formó, y también morirá pronto, consecuencia de su transformación de supergigante roja y su posterior explosión en supernova.
La intensa radiación de Alnitak, como ya apuntamos, provoca la ionización del hidrógeno contenido en la cercana Nebulosa de la Flama, o de la Llama, pues el color rojo que se origina en tales procesos dan a la zona el aspecto de estar ardiendo. Consiste este
proceso en que el hidrógeno es despojado de sus electrones por los fuertes vientos de la estrella y la energía que se desprende al recombinarse los iones de hidrógeno con los electrones produce esa radiación de color rojo, pero la zona no está en llamas, en absoluto. Sin embargo, Alnitak no es la unica responsable de la actividad iónica del hidrógeno presente en la zona, sino que existe un cúmulo de estrellas, que se oculta tras la franja oscura del centro de la imagen, que ha sido visto en el infrarrojo, y que parece contener a la verdadera estrella excitatriz de la región. La nebulosa de la Flama tiene el número NGC 2024.
Un poco más al sur, entre Alnitak y Sigma Orionis, encontramos a la magnífica y celebérrima Nebulosa Cabeza de Caballo. Es una fría nube oscura de gas y polvo situada a la distancia de 1.500 años-luz de
nosotros, y que resalta sobre el fondo rojo incandescente de IC434, una nebulosa de emisión que se encuentra detrás. La Cabeza de Caballo mide unos 6 años-luz de un extremo a otro y se cataloga como Barnard 33, o más brevemente, B33. Fue descubierta en 1.888 por fotógrafos del Observatorio del Harvard College. La forma de la nebulosa, que claramente explica el nombre que se le dio, es casual, naturalmente, y los movimientos internos en su seno harán que en unos millones de año sea totalmente distinta.
Leyendas y mitos
Como Las Tres Marías son suficientemente brillantes, y están situadas prácticamente en el ecuador celeste pudiéndose observar desde cualquier lugar del orbe, han sido conocidas por todos los pueblos y culturas de la Tierra. Los mayas, por ejemplo, las llamaban Las Tres Piedras del Fogón, la llama del Hogar que nunca se apaga y donde se
cocinan los alimentos; además, Alnitak forma, junto con Rígel y Saiph, las Tres Piedras del Corazón. Los indios guaraníes las denominaban Las Tres Viudas; para este pueblo, Alnilam, la estrella central, es la madre de las otras dos, y las tres están viudas a causa de la guerra. En la Astronomía árabe eran conocidas como El Collar de
Perlas, y es curiosa la Teoría conocida como de la Correlación de Orión, según la cual las tres famosas pirámides de Guiza, en el Valle de los Reyes de Egipto, fueron construidas, supuestamente, siguiendo el modelo de las tres estrellas del Cinturón de Orión, ensalzando de esa manera los conocimientos astronómicos que poseían los antiguos habitantes de aquel enigmático imperio, del que aún desconocemos tantas cosas.
para mas favor de visitas vitacora de galile
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