Quetzalcoátl, “la serpiente emplumada”, es uno de los dioses más antiguos de la mitología mesoamericana. Aparece en el panteón de la cultura Chichimeca y era adorado también por los Toltecas. Entre los Mayas se lo conocía como Kukulcán. Pero fueron los Mexicas o Aztecas quienes lo convirtieron en uno de sus dioses centrales, junto a su gemelo y antagonista Tezcatlipoca. Al día de hoy, no hay acuerdo entre los historiadores acerca de cuál de los 2 tenía más peso en la religión mexica.
Tal vez, porque los Mexicas creían profundamente en la naturaleza dual del Universo, que contenía en su interior a la vez todas las posibilidades de creación y destrucción. Por eso, Quetzalcoátl es fecundidad y creación, “aquel por el cual vivimos”, según los Mexicas. Y Tezcatlipoca, su gemelo, cuyo nombre significa “espejo de humo”. Tezcatlipoca es el reverso exacto de su hermano. Ambos dioses son completamente opuestos, pero según los antiguos códices mexicas, comparten exactamente los mismos atributos y cualidades.
Tezcatlipoca es el señor de las batallas, amo de la vida y la muerte. Pero también es amparo y guía del hombre, y fuente de todo poder y felicidad. Era ante él que los espíritus de los muertos debían presentarse, con un yugo al cuello y envueltos en una piel de ocelote. Tezcatlipoca decidía entonces que pruebas debían enfrentar para demostrar que eran dignos de ingresar a la morada de Mictlan, el reino de los muertos.
Cuenta la leyenda que Quetzalcoátl y Tezcatlipoca crearon el mundo sobre el cuerpo de Cipactli, un monstruo mítico. Y que Tezcatlipoca sacrificó para eso su pie, ofreciéndolo como señuelo para atraer a la bestia. Y así la capturaron, haciéndola salir del vasto océano que era todo lo que había por entonces en el Universo.
Para los Toltecas, fue Quetzalcoátl quien creó el mundo. Y su hermano, descendiendo hacia la tierra por una tela de araña, quien destruyó toda su obra. Su acción, sin embargo, no tuvo efectos devastadores sino de transformación.
Quetzalcoátl era representado a veces como un hombre de larga barba y piel blanquísima. Por eso, los Mexicas creyeron al conquistador Hernán Cortés una encarnación de su dios creador.
Cuando comprendieron su error, ya era tarde.
domingo, 3 de junio de 2012
sábado, 2 de junio de 2012
los 4 soles
| La cosmología mesoamericana
divide el universo en cinco partes: cuatro puntos cardinales y el centro . Las
cuatro direcciones del mundo correspondían a los cuatro hijos de Ometecuhtli,
cada una de las cuales encierra importantes valores simbólicos. El concepto de dualidad es omnipresente en el pensamiento azteca y se personifica en Ometecuhtli, ser cósmico primordial de carácter dual que mantiene la vida desde su posición en el " ombligo de la tierra ". Posee aspectos masculino y femenino ( Ometeotl y Omecihuatl ), lo que le permite parir a los cuatro Tezcatlipocas como padre y como madre. |
| Así, al principio existía Ometecuhtli, Señor
de la Dualidad autocreado, que también se presentaba en sus aspectos masculino y
femenino como Ometeotl y Omecihuatl. Los hijos de esta pareja cósmica fueron los cuatro Tezcatlipocas. El Tezcatlipoca Rojo, también llamado Xipe Topec ( el dios desollado ), se asociaba con el este; el Azul o Huitzilopochtli con el sur; el Blanco o Quetzalcóatl con el oeste y el Negro, el Señor del Cielo Nocturno, con el norte. A estos cuatro se añadían Tlaloc, dios de la lluvia, y su consorte, la diosa del agua Chalchiuhtlicue. Los enfrentamientos entre estas deidades, enzarzadas en una lucha cósmica por la supremacía, desembocaron en la creación y destrucción de cinco eras o " soles " mundiales sucesivos, cada uno de ellos identificado por la forma concreta de cataclismo que lo sumergía . El primer sol estaba regido por Tezcatlipoca y se conocía como " Cuatro-Jaguar ". Al cabo de 676 años, Quetzalcóatl arrojó al agua a Tezcatlipoca y la tierra fue consumida por los jaguares. Después, Quetzalcóatl presidió el segundo sol, conocido como " Cuatro-Viento ". Esta era acabó cuando Tezcatlipoca se vengó y destronó a Quetzalcóatl, quien fue arrastrado por un gran huracán. El tercer sol, llamado " Cuatro-Lluvia ", estaba dominado por el fuego y regido por el dios de la lluvia, Tlaloc. Acabó cuando el dios Quetzalcóatl envió una gran lluvia que consumió la tierra. A continuación vino el cuarto sol, " Cuatro-Agua ",que se suele identificar con Chalchiuhtlicue, diosa del agua, y tocó a su fin cuando el mundo quedo sumergido por un diluvio y las personas se transformaron en peces. A la zaga de estos mundos imperfectos vino la creación más portentosa, el quinto sol. |
| El quinto sol Los cataclismos que destruyeron los cuatro soles anteriores dejaron un vacío en el orden cósmico. Los dioses ofrecieron a las gentes de Mesoamérica una última y efímera oportunidad de vivir al crear y sustentar el quinto sol, la era actual. El quinto sol fue creado en Teotihuacán cuando el dios Nanahuatzin se arrojó a una hoguera y se transformó místicamente en el sol naciente. Pero al principio estaba inmóvil, y los demás dioses sacrificaron su sangre para proporcionarle energía para el movimiento celeste. Por eso se conoce la quinta era del mundo como " Cuatro-Movimiento ". Su génesis única sentó un precedente mítico para la idea azteca de que la vida del universo sólo puede prolongarse mediante el sacrificio. Sin embargo, se trata de una concesión temporal de los dioses, pues los terremotos también destruirán el quinto sol. El signo " Cuatro-Movimiento" encarnaba el concepto del sacrificio humano que impregnaba la religión azteca, que encontró expresión física en el gran calendario de piedra, disco tallado de este material de unos cuatro metros de ancho con la imagen central del rostro de Tonatiuh, dios del sol, rodeada por el signo " Cuatro-Movimiento ". Hallado en 1790 cerca del Templo Mayor de Ciudad de México , este objeto de complicada factura representa los principales elementos de la quinta creación. Los aztecas concebían a Tonatiuh como manifestación de su deidad guerrera tribal, Huizilopochtli. En el complejo simbolismo se aprecia la manipulación de la mitología para justificar la guerra y el sacrificio y expresar estos aspectos de la vida en términos cosmológicos. La cara de Tonatiuh está flanqueada a ambos lados por dos garras enormes aferradas a su alimento: corazones humanos, tema en el que se profundiza aún más con la lengua, imagen del cuchillo sacrificial de sílex u obsidiana con el que los sacerdotes arrancaban el corazón a sus víctimas. Según las creencias aztecas, la sangre humana contiene una esencia líquida preciosa denominada chalchihuatl, único alimento adecuado para los dioses. En torno a la imagen del dios del sol hay cuatro figuras encerradas que representan los cuatro soles anteriores, los dedicados al jaguar, el viento, el fuego y el agua. Y alrededor de ellos están los glifos ( emblemas ) de los signos de los veinte días del calendario sagrado o tonalpohualli, y representaciones simbólicas de Tezcatlipoca, Quetzalcóatl y Tlaloc. El mito del origen del hombre La leyenda explica que, después de la creación del quinto sol, hubo que volver a crear a la raza humana, que había sido destruida en las confrontaciones anteriores . Así pues, se consultaron los dioses y se dijeron: ¿El cielo ha sido construido, pero quienes, oh dioses, habitarán la tierra?. Dicho esto, Quetzacóatl bajo al inframundo, llamado Mictlan; llegó al señor y a la señora del reino de los muertos y dijo: " He venido por los huesos preciosos que tú guardas". Aquel contestó: "¿Qué harás tú con ellos, Quetzalcóatl?" Otra vez dijo este: " Los dioses tratan de hacer con ellos quien habite sobre la tierra". De nuevo dijo el dios de los muertos: " Sea en buena hora. Toca mi caracol y llévalo cuatro veces alrededor de mi asiento de piedras preciosas". Pero él no usó el caracol del dios de la muerte: Quetzalcóatl llamó a los gusanos, que le hicieron agujeros, e inmediatamente entraron allí las abejas grandes y las montesas, que lo tocaron, y lo oyó el dios de los muertos. Otra vez dijo este: " Está bien, tómalos ". Después el dios de los muertos se arrepintió y dijo a sus mensajeros, los moradores del inframundo: " Id a decirle, dioses, que ha de venir a dejarlos ". Pero Quetzalcóatl respondió: " No, me los llevo para siempre ". Pronto subió Quetzalcóatl a la tierra. Luego que cogió los huesos preciosos, estaban juntos en un lado los huesos de varón, y también juntos, de otro lado, los huesos de mujer. Tan pronto como los tomó, Quetzalcóatl hizo de ellos un lío, que se trajo. Otra vez les dijo el dios de los muertos a sus mensajeros: "¡Dioses! De veras se llevó Quetzalcóatl los huesos preciosos. ¡Dioses! Id a hacer un hoyo en su camino". Ellos fueron a hacerlo, y por caerse en el hoyo, se golpeó y le espantaron las codornices; cayó desmayado y esparció por el suelo los huesos preciosos, que luego mordieron y royeron las codornices. A poco volvió en sí Quetzalcóatl, y lloró y dijo a su nagual: "¿Cómo será esto, nagual mío?" El cual dijo: "¡Cómo ha de ser! Que se echó a perder la empresa". Luego los recogió, los juntó e hizo un lío, que inmediatamente llevó a Tamoanchan. Después que los hizo llegar, los molió la diosa Cihuacóatl - Quilaztli, que a continuación los echó a una vasija preciosa. Sobre él se sangró Quetzalcóatl su miembro; y en seguida hicieron penitencia todos los dioses. Se dice, que después nacieron los hombres, puesto que los dioses habían hecho el sacrificio de su sangre sobre ellos. |
viernes, 1 de junio de 2012
Quetzalcoatl
La aparición en Mesoamérica y específicamente en el Anáhuac, de
este personaje alto, rubio, blanco, barbado y de profunda cultura ha dado margen
a la creación de varios mitos y leyendas que los antropólogos, científicos y
exploradores extranjeros han entretejido de una maraña cada vez más difícil de
desenredar. En la mitología Tlahuica, tan confusa como la Griega, se borda una
historia con respecto a Quetzalcóatl, semejante a la del nacimiento del Rey
Salomón, pues se dice en los antiguos códices que Quetzalcóatl fue hijo de una
mujer virgen llamada Chimalma y del Rey-Dios Mixtocóatl, monarca de Tollán. Que
avergonzada por haber dado a luz sin matrimonio, Chimalma puso en una cesta al
niño y lo arrojó al río. (no se sabe a cual) y que unos ancianos lo criaron y
educaron, habiendo llegado a ser un hombre sabio y culto que al regresar a
Tollán, se hizo cargo del gobierno.
Por otra parte se dice que Quetzalcóatl fue un hombre rubio,
blanco, alto, barbado y de grandes conocimientos científicos, que enseñó a los
pobladores de lo que hoy es México, a labrar los metales, orfebrería, lapidaria,
astrología etc. aunque jamás se llegó a saber su nacionalidad y su procedencia.
Cuéntase que habiendo bebido el suave neutle (pulque) se emborrachó y cometió
actos bochornosos después de lo cual decidió marcharse para siempre tomando el
rumbo del Golfo de México o Mar de las Turquesas.
En un suicidio ceremonial al cual le acompañaban cuatro
mancebos sus discípulos, se hundio para siempre, renacienco como la estrella de
la Mañana y posteriormente adoptando el nombre de Quetzalcóatl, que quiere decir
serpiente emplumada o serpiente de plumaje hermoso.
Los Mayas adoptaron a Quetzalcóatl como deidad pues hasta allá
llevó sus conocimentos y su cultura pasmosa, colocándole el nombre de Kukulcan,
que quiere decir lo mismo, serpiente emplumada o Votán ( que debe haber sido su
nombre real) y recibieron de él las más sabias enseñanzas tanto religiosas como
políticas y artísticas.
Se dice que los Toltecas, Nahoas y Mayas lo deificaron y
colocaron su símbolo en todos los palacios, monumentos y templos de la zona Maya
y Mesoamérica en donde aún puede verse, en recuerdo y veneración de este sabio,
que según la tradición mayense, subió al panteón y se convirtió en la estrella
Venus, que también es así identificado por los fantasiosos arqueólogos.
Ahora bien, cuando las huestes hispanas llegaron a las tierras
veracruzanas al mando del capitán extremeño Hernán Cortés, y según nos cuentan
en sus muy sabrosas crónicas Bernal Díaz del Castillo, se encontraron con una
gran sorpresa que en esos días de codicias y rapiña desmedidas no le dieron la
importancia que tenía y hoy aún, debe tener. Relata el soldado cronista que
llegados a las costas de lo que sería La Nueva España, el Emperador Moctezuma
envió unos tendiles llevando regalos, oro y joyas y muchos ricos presentes que
lejos de hacer que Cortés volviera proa a la mar, lo tentó en ambiciones. Uno de
estos tendiles al ver que uno de los soldados de Cortés tenía un casco de latón
que brillaba al sol, pidió verlo, diciendo que hacía muchos, muchos años, habia
llegado a la Gran Tenochitlán un hombre rubio, barbado y blanco, portando un
casco semejante; que al marcharse se los había regalado y los sacerdotes lo
colocaron en la cabeza del ídolo representativo del Dios Huitzilopochtli. Pidió
que se le prestara el casco para cotejarlo con el que tenía puesto su Dios.
Y resultó que el casco dorado que tenía el Dios, era igual al
del soldado hispano, sólo que tenia en ambos lados unos cornezuelos al estilo de
los cascos vikingos.
Aquél tendil no solamente llevó ante Hernán Cortés el dicho
casco dorado, sino también a un hombre blanco, alto, barbado, rubio que se
parecía mucho al conquistador, diciendo que su nombre era Quintalbor, que de
ninguna manera es nombre mexicano, maya o correspondiente a ninguno de los
idiomas, que se hablaban en el Nuevo Mundo. Pero en lugar de examinar
detenidamente el casco y si lo hicieron no fue consignada en ninguna de las
cartas de relación, tomaron a chunga y relajo la presencia de aquel hombre
barbado, rubio y blanco idéntico a don Hernán Cortés, al grado de parecer su
hijo o su gemelo y desde ese momento lo llamaron Don Cortés.
Al llegar los conquistadores a la fabulosa Ciudad de
Tenochtitlán, sacerdotes y principales hablaban de un hombre rubio y barbado
semejante a ellos, que hacía muchos años había estado entre ellos y les había
predicho que un día llegarían al país hombres barbados y con armas poderosas
para esclavizar al señorío.
Moctezuma, que según nos cuenta la historia era un monarca
medroso, pusilánime, creyó que con la llegada de Hernán Cortés y su puñado de
rapaces se cumplía la profecía y casi dejó en manos del puñado de horca hispano,
el destino de sus reino, de su imperio.
Ahora bien, es de suponerse que Quetzalcoatl no fue aquel
misterioso hombre barbado, posiblemente nórdico, que dejó como recuerdo su casco
de vikingo, ya que en ese entonces la Europa no poseía la cultura y los
conocimientos numéricos y calendáricos que poseían los mayas y el mito y la
leyenda se entretejen en una urdimbre impenetrable, se confunden debido a los
estudios antropológicos y arqueológicos hechos en una mayoría por extranjeros.
Tal vez Tollán si tuvo un gobernante sabio y bueno al que
llamaron Quetzalcoatl, hijo de Chimalma y el Rey-Dios Mixcoatl, pero también es
muy posible que los sacerdotes y astrónomos de entonces, al observar los cielos
en la forma en que lo hacían, hayan descubierto que el mundo, su mundo, formaba
parte de la Vía Láctea, de esta enorme galaxia que hoy conocemos y de la cual
formamos parte y a la cual daban por nombre Ixtacmixcoatl que quiere decir
"Serpiente salpicada de piedras preciosas o luceros", serpiente incrustada de
diamantes. Y después de sus observaciones le hayan puesto Quetzalcoatl,
serpiente de plumas hermosas y extendido su culto a los habitantes de
Mesoamérica. De allí que en los portentosos edificios de esa antigüedad se hayan
esculpido esos símbolos y reverenciado como deidad, pues a ningún hombre por
sabio que haya sido, se le dio jamás el rango de Dios.
Por último y finalizando así la leyenda y el mito, al relato, y
a las elucubraciones, es preciso asentar que según algunos arqueólogos, jamás
existió la serpiente emplumada, que sería absurdo una mezcla o yuxtaposición con
fines religiosos, de una ave preciosa y un reptil.
Lo que ocurrió y a esto puede y debe darse el mayor crédito, es
que los hombres de aquella civilización tan avanzada, en su sublimación
artística, esculpieron una serpiente con penacho, con garras de jaguar y crearon
una figura monstruosa y bella a la vez, como el mítico dragón de los chinos en
el cual quieren enredar al misterioso y barbaro rubio peregrino, que por lo
menos, ya que su cultura debió haber sido casi completa, pudo haber dejado
escrito su nombre y el de su país en alguno de los muros, frescos o
bajorrelieves de templos y palacios.
Así volvemos a lo mismo. Quetzalcoatl hombre, Quetzaltcoalt
Dios, amalgama absurda de las generaciones actuales. Incomprensión de lo
misterioso de aquellos pueblos que han dado margen a una de las leyendas más
difundidas en América y en el mundo.
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